Crónica: Érase una vez y mentira no es...

Publicado el Jueves, 22 Septiembre 2016 Escrito por GeoCabras

 

 

Las aventuras de un grupo de cabritillas en el reino de la Fantasía

MosaicoGeoÉrase que se era un bonito grupo de cabritillas. Cabritillas hay muchas, pero como estas no encontraréis tantas. Y os preguntaréis, queridos niños y mayores, ¿por qué? Pues porque estas cabras, en vez de estar todo el día pastando con el resto de la manada, tenían una afición bastante especial: se dedicaban a trepar montañas, cruzar ríos, recorrer ciudades… en busca de maravillosos tesoros que los personajes de otros relatos como ellas iban escondiendo por ahí.

Estaban nuestras amigas las cabritillas lamentándose de que el verano llegaba a su fin, con la vuelta al cole, al trabajo, y a la dura rutina. Sin embargo, aún esperaban con ilusión el broche ideal para aquel verano da fábula: la convocatoria anunciada a los cuatro vientos, en el Reino de la Fantasía, de los protagonistas de los relatos de antaño, cuando la magia aún abundaba en el mundo. Con muchos de ellos ya habían compartido aventuras y risas; de otros habían escuchado sus hazañas y les estaban deseando conocer.

Así que bien apretujadas y con todos sus bártulos preparados, partieron las cabritillas hacia el Reino de la Fantasía. No mucha gente conoce el camino hasta este Reino, al cual se accede por un tortuoso camino que no todos pueden encontrar.

Cuál fue su sorpresa cuando descubrieron que ya por el camino, innumerables tesoros dejados por sus amigos les esperaban. ¡Qué ansia! ¡No sabían por dónde empezar! ¡Dejad para los demás, que venimos muchos!

En eso estaban cuando llegó el momento del primer encuentro con el resto de personajes de cuento en un camping cercano a la capital del Reino. Risas, abrazos, saludos a viejos y nuevos conocidos, conjuros y brindis… todo era alegría.

Fue después de que nuestras pequeñas cabritillas terminaron de abrevarse y de ponerse al día con el resto de personajes que allí se reunieron que, curiosas, decidieron deambular por las tierras añejas. Poco a poco se fueron sumergiendo en las historias que sus protagonistas tuvieron a bien dejar, en forma de pistas, por las zonas aledañas…

Encontraron unas migas de pan, ¡qué ricas y nutritivas! Y siguiéndolas y siguiéndolas se fueron adentrando en el mundo de Fantasía.

Primero visitaron un gran castillo que brillaba de día y que de noche fulguraba reflejando las estrellas… En este castillo habitaba una valiente princesa que, por enfrentarse a una bruja, de un hechizo cayó presa y con un profundo sueño lucha.

Siguieron avanzando poco a poco, ya que dichas maravillas en su tierra natal no abundan, y en un descuido presenciaron una increíble batalla. Un bravo costurero ponía en un brete a un gigante. Las cabritillas, anonadadas, firmaron y marcharon corriendo.

A continuación vieron algo aún más extraño, un cisne nadando junto a unos patos. Como si fueran familia…o algo. En uno de los nidos cosecharon una firma y siguieron con las migas merendando…

Y casi al final hallaron un humano con peluca…blancos los pelos y algo estridente la ropa, en un dédalo parecía morar… Encontraron el camino de salida, a pesar de ser noche cerrada…y firmaron y siguieron, que ya no quedaba nada.

Por último a una casa de azúcar, pastelitos y chocolate llegaron nuestras cabritillas. Unas querían comérsela, otras conservarla…y aún otras cargar con ella hasta el camping… Pero la voz de la razón se impuso y allí la dejaron quieta, para que otros habitantes de Fantasía pudieran verla y aprender de ella… ¡Ay, la gula, qué mala consejera!

 

Con esto terminó la noche, con la luna pidiendo ya acostarse… y las cabritillas marcharon prestas a soñar con pastos aún más verdes.

Y ni en sus mejores sueños habrían imaginado lo que el día siguiente les deparaba. Según las cabritillas se iban adentrando en la espesura del bosque, lugares cada vez más asombrosos aparecían antes sus ojos.

Allí se habían dado cita numerosos amigos, tantos que hasta su nombre debían llevar escrito para que no les confundieran. Y todos se pusieron en camino, siguiendo el rastro de tesoros, cajita a cajita, descubriendo maravillados frondosos bosques, rebeldes cascadas y paradisiacos remansos.

No pudieron evitar, durante este paseo, hacer un alto en el camino para disfrutar de estos lugares. Buena parte del grupo, grandes y pequeños, disfrutaron de un refrescante baño mientras eran observados por los más prudentes, no sin cierta mirada de envidia. ¡No os preocupéis, que luego hay más! Sigamos que la hora de comer se acerca.

Saltando al río

 

Y no nos engañaban. Tras una agradable comida en grupo, un nuevo chapuzón en un lugar que parecía sacado de una ilustración de un libro tal y como merecía la ocasión, esperaba a nuestros amigos. Allí, los más juguetones chapotearon en la orilla mientras los más atrevidos desafiaban al vértigo y a la mismísima muerte.

Cruzando el puente

 

Tras esta entretenida mañana, el agradable baño y el copioso almuerzo, nuestras cabritillas decidieron completar las visitas que les restaban a sus queridos vecinos de los cuentos. Desde la capital del reino partieron hacia el sur, en pos de una cueva donde habitaba un feroz ser lobuno.

En un momento de distracción, nuestras pequeñas cabritillas pudieron conseguir la dirección de la casa de los vecinos, unos amables porcinos que les prestaron un plumín.

En estas que siguieron rumbo al sur, a los Reinos de la Igualdad y las Oportunidades, donde los dragones son buenos, los príncipes sensibles y las princesas valientes. Aprendiendo que lo importante está en el interior, las cabritillas pudieron seguir avanzando…rumbo a una bella melodía que desde un pequeño puente las atraía… No eran ratas, no, pero aquel ritmo les llamaba, así que buscaron a los roedores y dejaron una tablita firmada.

Camino ya del regreso, otro aullido escucharon… y en pos de una sombra carmín corrieron con el fin de averiguar dónde estaba el peligro. Tras mucho andar y vadear ríos, un buen picnic encontraron, del que hicieron parte a los acompañantes y a los artífices de tal broma.

De subida quisieron parar en casa, pero con tanta vuelta no recordaban donde quedaba, así que pasaron de largo y siguieron hacia la capital, ignorando por el momento el brillo que ofreció al pasar una lámpara.

La última parada fue siguiendo el ruido de un reloj. Tic-tac-tic-tac hacía el condenado, y escondido en la maleza, el tesoro fue hallado. Punto y final a esta aventura, las siete cabritillas se retiraron para prepararse para la cena notoria.

Y llegó la esperada noche del sábado que estaba repleta de actividades programadas. Nuestras cabritillas, junto con todos los asistentes, estaban ansiosas de participar en ellas.

Grupogeo

 

 

En primer lugar, todos los personajes de esta historia, envueltos en sus mejores galas, fueron invitados a cantar entre todos la canción “Cuéntame un cuento” para dejar una prueba visual recogida en video de hasta qué punto aquellos personajes se habían introducido en el mundo de la Fantasía.

Konga

 

 

Seguidamente tuvo lugar la cena en el “castillo” de Los Acebos. Tras desterrar a los infantes a una ínsula anexa a la isla principal donde tenía lugar la cena, los personajes de cuento fueron ocupando sus lugares en las dos enormes mesas preparadas para tan magno evento. Los manjares fueron apareciendo uno tras otro, y la amena conversación entre todos los asistentes llenó de calor la estancia.

Pero aún estaba lo mejor por venir: la siguiente actividad, y no menos atrayente, era un cuentacuentos en el que todo aquél que se animara estaba invitado a participar.

En primer lugar una linda diablilla deleitó al personal con un relato sobre el diablo y sus diabluras que encandiló a los presentes. Seguidamente algún otro asistente contó cuentos preparados con mimo y detalle.

De pronto, en la sala apareció un ciego que, a voz en grito, anunciaba su narración con gran entusiasmo. Cargado con su cartel donde habrían de mostrarse las viñetas que ilustraban su narración, el ciego se dirigió con paso cauteloso y armado de su bastón hasta el punto desde donde se relataban las historias. Ahí narró, para deleite del personal, su historia basada en las principales normas de ese juego al que llaman “Geocaching” y que algunos locos del mundo real practican y recitó las peripecias de algunos de sus más afamados jugadores, todo ello sin parar de indicar en su cartel las viñetas relativas a cada una de ellas, nadie sabe cómo ya que no tenía el don de la visión. La audiencia no podía parar de reír y entre carcajada y carcajada llegaba una nueva historia que hizo la velada inolvidable.

A continuación, diversos protagonistas de clásicas historias dieron su libre versión del relato al que pertenecían: el flautista de Hamelín que quería el dinero ganado por su trabajo para comprarse una hermosa mansión, una madrastra sin corazón que quería deshacerse a toda costa de la cándida Blancanieves y tres cerditos atracadores que tenían en vilo a un taimado lobo.

Con todo esto se dio por acabada la velada y ahí se dividió el devenir de los asistentes: mientras algunos se dispusieron a seguir degustando líquidos de toda índole y grado alcohólico, otros se dispusieron a entrar en el mundo de Morfeo, sobre todo aquéllos acompañados de infantes, muchos de ellos ya rotos de cansancio por el día tan completo de ruta y eventos nocturnos vividos.

Estas cabritillas son mucho de aprovechar el día y por eso los domingos gustan de amanecer temprano y, junto con otros rebaños, ir a pastar por el campo. No es tarea fácil, porque hay que organizarse bien, y si no fuera por los pastores, que en estos lares se atavian de naranja, más de una y más de dos se habrían quedado perdidas entre el camping y el monte.

Pero no es hoy el día que queramos hablar de la ruta, que fue bonita y dificultosa... Y hay fotos que le harán mayor justicia. No. Hoy queremos relatar el esfuerzo de las cabritillas más jóvenes, esas que aguantan duramente la travesía, a base únicamente de agua y golosinas...

Bueno, y de historias, y de canciones, y de buscar señales de dos colores. Porque siempre habrá alguna cabritilla más adulta que se preste a echar un ojo.

En un fin de semana especial como este, de magia y de historias, no podían faltar las clásicas tonadas... Que si un elefante en una tela de araña, que si dos, que si treinta...

Antes de eso remontaron la cuesta al ritmo que imponían Mamá Pato y sus patitos, porque nada mejor que una fila para no perder el ritmo.

Konga infantil

 

Visitaron una cueva pero era fría y oscura, así que no permanecieron tiempo. También estuvieron por bosques y desfiladeros, de la mano siempre y entonando acerca de coches feos y lo que verdaderamente importa... Mil y una vivencias más compartieron y al final de la ruta llegó lo importante, un dulce y de vuelta con sus papás, contentos, alegres y expectantes de cuándo podrán volver a reunirse con los amigos y amigas encontradas en el camino...

Así es como, tras una última comida para rememorar las aventuras vividas, tras un fin de semana de risas, chapuzones y aventuras, nuestras cabritillas volvieron alegres de vuelta a su ciudad, ya pensando en cuáles serían sus siguientes aventuras, y recordando la moraleja que durante esos días habían aprendido: que los verdaderos tesoros de este juego no son las cajitas, sino las personas y las historias que se esconden detrás de cada una de ellas.

 

 

 

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